
Alerta global sobre el impacto de los algoritmos en los menores
NdAUna reciente sentencia judicial en Estados Unidos volvió a encender las alarmas en torno al uso de redes sociales por parte de niños y adolescentes. La Corte Superior de Los Ángeles condenó a Meta —empresa matriz de Instagram y Facebook— y a YouTube a indemnizar a una joven por los daños sufridos en su salud mental, vinculados al diseño adictivo de estas plataformas.
El caso, considerado histórico, marca un precedente en materia de responsabilidad de las empresas tecnológicas. Según el fallo, no se trató del contenido consumido por la menor, sino de la propia arquitectura de las aplicaciones, diseñada para maximizar el tiempo de permanencia y la interacción.
Un fallo que sienta precedente
De acuerdo al análisis del auxiliar fiscal federal Lucas Moyano, especialista en ciberdelitos, la sentencia reconoce una relación directa entre el funcionamiento de las redes sociales y trastornos como ansiedad, depresión y dismorfia corporal desarrollados por la víctima desde temprana edad.
“El jurado determinó que el diseño de estas plataformas no es neutral, sino que responde a estrategias pensadas para generar adicción”, explicó. En términos simples, el fallo responsabiliza a las compañías por haber creado entornos digitales que incentivan el uso compulsivo, comparables a mecanismos de recompensa similares a los de los juegos de azar.
Algoritmos que buscan retener
Uno de los puntos centrales del debate gira en torno a los algoritmos que organizan el contenido que ven los usuarios. Estas herramientas están diseñadas para maximizar el “engagement”, es decir, la permanencia en la plataforma.
Funciones como el desplazamiento infinito, las notificaciones constantes y las recompensas variables —likes, comentarios y visualizaciones— estimulan los circuitos de recompensa del cerebro, generando hábitos de consumo difíciles de interrumpir.
Especialistas advierten que este fenómeno no afecta únicamente a menores, sino también a adultos, que muchas veces subestiman el tiempo que pasan conectados.
Niños conectados: riesgos crecientes
El fallo también reaviva una preocupación creciente: el acceso cada vez más temprano de niños a dispositivos móviles sin supervisión. Según Moyano, este escenario puede facilitar distintos tipos de delitos digitales.
Entre los principales riesgos se destacan el grooming —adultos que buscan ganarse la confianza de menores con fines de abuso—, el ciberbullying y la circulación de material de abuso sexual infantil. La combinación de exposición prolongada y falta de control convierte a los menores en un blanco vulnerable.
Frente a este panorama, especialistas coinciden en que la solución no pasa por prohibir la tecnología, sino por promover un uso responsable y acompañado.
Entre las recomendaciones más frecuentes se encuentran demorar la entrega de celulares personales, establecer normas claras de uso —como evitar dispositivos durante las comidas o antes de dormir— y utilizar herramientas de control parental.
También se destaca la importancia del diálogo: enseñar a los chicos a identificar riesgos, desconfiar de desconocidos y comunicar situaciones incómodas.
La condena a las grandes plataformas tecnológicas abre un nuevo capítulo en la discusión sobre la regulación del entorno digital. Mientras la Justicia avanza en delimitar responsabilidades, el foco también se traslada a los hogares.
El mensaje es claro: en un ecosistema digital diseñado para captar la atención, la supervisión y la educación se vuelven herramientas clave para proteger la salud mental de niños y adolescentes.






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