Ser Ciudad Cervantina de la Argentina no es un nombramiento que se recibe

Ser Ciudad Cervantina de la Argentina no es un nombramiento que se recibe, sino una responsabilidad que se ejerce cada día.
Cultura y educación13/08/2026NdANdA

A veinte años de la creación del Festival Cervantino de Azul, Fernando Redondo Benito propone dejar de mirar únicamente el camino recorrido para comenzar a pensar el futuro. El intelectual, cervantista y teatrólogo, quien tuvo una participación decisiva en el proceso que condujo al reconocimiento de Azul como Ciudad Cervantina de la Argentina en 2007, sostuvo que el verdadero desafío ya no pasa por consolidar un proyecto cultural, sino por imaginar cómo evolucionará en los próximos años.
Durante una extensa entrevista, Redondo Benito evitó centrarse en su protagonismo en los orígenes de la iniciativa y prefirió poner el foco en la construcción colectiva que permitió sostener durante dos décadas una propuesta cultural de alcance nacional e internacional.

“Celebrar es importante porque veinte años de continuidad representan muchísimo. Hay personas, instituciones, artistas, docentes y ciudadanos que hicieron posible este recorrido. Pero un aniversario resulta realmente valioso cuando deja de ser una celebración del pasado y se convierte en una pregunta sobre el futuro”, afirmó.

Del reconocimiento al compromiso

Para Redondo Benito, el paso del tiempo modifica profundamente el significado de ser Ciudad Cervantina.

“En 2007 nos preguntábamos qué podía llegar a ser Azul. Hoy la pregunta debe ser otra: qué tipo de ciudad queremos construir a partir de una experiencia cultural que ya tiene veinte años”, señaló.

En ese contexto, sostuvo que el reconocimiento obtenido hace casi dos décadas no puede limitarse a un hecho simbólico.

“Ser Ciudad Cervantina de la Argentina no es solo un nombramiento, un contrato o un sueño. Es una realidad, un compromiso y una acción entre todos y todas”, expresó.

A su entender, la identidad cervantina debe manifestarse en la vida cotidiana de la ciudad: en las escuelas, las bibliotecas, el Teatro Español, las asociaciones, las plazas, los talleres, la investigación académica y cada uno de los espacios donde la cultura se produce y se comparte.
Una cultura construida por los ciudadanos

Uno de los ejes centrales de la entrevista fue la participación ciudadana.

Redondo Benito destacó que la cultura ya no puede entenderse únicamente como algo que las instituciones ofrecen al público, sino como un proceso en el que los propios ciudadanos crean, interpretan y transforman su patrimonio cultural.

En ese sentido, vinculó su mirada con la evolución del pensamiento de la UNESCO, que en los últimos años ha fortalecido el concepto de derechos culturales y de participación activa en la vida cultural.

“La pregunta ya no es solamente qué cultura ofrecemos a los azuleños. La verdadera pregunta es qué condiciones generamos para que los propios ciudadanos produzcan cultura, la discutan, la transformen y la transmitan”, sostuvo.

Los niños y jóvenes como protagonistas

A lo largo de la conversación insistió especialmente en el papel de la infancia y la juventud.

Para el cervantista, el objetivo no debería ser únicamente organizar actividades destinadas a los más chicos, sino brindarles oportunidades reales para crear.

Imaginó una ciudad donde un niño pueda escribir una escena teatral, recorrer el detrás de escena del Teatro Español, conocer el funcionamiento de una iluminación escénica, tocar por primera vez un instrumento o descubrir que también puede dialogar con Cervantes desde su propia mirada.

“No debemos pensar a los niños como ciudadanos del futuro. Ya son ciudadanos del presente”, afirmó.

También cuestionó la idea de que sea necesario “atraer” a los jóvenes hacia la cultura.

“Los jóvenes ya viven inmersos en universos culturales muy complejos. Lo importante es reconocer esas prácticas, enriquecerlas y permitirles participar en la creación cultural”, explicó.

El Teatro Español como símbolo

Otro de los puntos destacados fue la importancia que atribuye al Teatro Español dentro de la identidad de Azul.

Lo definió como uno de los espacios donde la ciudad puede leerse a sí misma, no solamente por su valor patrimonial e histórico, sino también por el papel que desempeñó desde los primeros años del proyecto cervantino.

Recordó que en ese escenario se desarrollaron algunas de las actividades iniciales del movimiento que dio origen a la Ciudad Cervantina y sostuvo que el desafío consiste en que las nuevas generaciones sientan que ese lugar también les pertenece.

“Aquí también puedo estar yo”, resumió al explicar cuál debería ser el vínculo de los adolescentes con ese espacio cultural.

Más que un festival

Consultado sobre el papel del Festival Cervantino, Redondo Benito consideró que su verdadera importancia no depende únicamente de la cantidad de actividades o asistentes.

A su juicio, el mayor éxito consiste en aquello que permanece una vez finalizado el evento: proyectos que continúan, vínculos entre escuelas y artistas, investigaciones, talleres, grupos teatrales o iniciativas culturales que nacen a partir de un encuentro.

Por eso también cuestionó que el impacto cultural se mida solamente mediante estadísticas de público.

“Me interesaría saber cuántos niños entraron por primera vez al Teatro Español, cuántos jóvenes escribieron una escena, cuántas personas regresaron a una biblioteca después de una actividad o cuántos proyectos surgieron sin que nadie los hubiera planificado”, reflexionó.

Una mirada hacia los próximos cinco años

Pensando en el 25° aniversario del Festival Cervantino, Redondo Benito aseguró que no espera encontrar simplemente una programación más extensa.

Su deseo es descubrir una ciudad con mayor profundidad cultural, donde convivan la investigación académica, la creación artística contemporánea, el patrimonio histórico y la participación espontánea de vecinos, escuelas e instituciones.

También sostuvo que una identidad cultural nunca debe considerarse definitivamente consolidada.

“Las identidades que creen haber llegado a una forma definitiva empiezan a fosilizarse. La siguiente generación tiene derecho a transformar esa herencia”, expresó.

Finalmente, dejó un mensaje dirigido a toda la comunidad azuleña, invitando a entender estos veinte años como un nuevo punto de partida.

“Después de veinte años, lo que queda por hacer es seguir empezando”, concluyó.

Para Fernando Redondo Benito, el mayor desafío de Azul no consiste en repetir lo realizado durante estas dos décadas, sino en construir una Ciudad Cervantina viva, abierta y participativa, capaz de ofrecer a las nuevas generaciones el conocimiento, la memoria y la libertad necesarios para imaginar su propio futuro.

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